Dejen al cristo sangrar en su cruz. Su carne lo merece.
Dejen q' el madero exprima toda su divina gracia para
q' nosotros, los miserables, bebamos algo de su infinita
misericordia. ¡Comparados con él, somos escoria de una
realidad q' se forja en la fragua de su calvario, burdos a-
nimales q' se arrastran y se pudren en la tierra sin piedad.
Quienes perciban un espíritu de odio incontenible, ó de
amor, en estas palabras, sepan q' mi humana cerne flore-
ce para luego arrastrarse y podrirse en la tierra. Esta carne
q' sueña y q' transpira por el aliento, y por un anhelo, no
es diferente ni esta sangre es más santa.
Dejen q' la santa sangre del cristo se escurra por amor
a estos animales demasiado miserables; q' una sola gota
nos embriague y nos llene con su su luz demasiado brillante
para entenderla.
¡¿Cómo entender el infierno en q' nos toca
crear un universo q' le dé sentido y significado a este marti-
rio, y q' salve así el alma!
Quienes puedan entender, q' entiendan;
así no me siento tan solo.



